El vehículo no tardó más de tres minutos en desaparecer de la superficie, ante los ojos desesperados de la inexperta conductora. Testigos del hecho que se acercaron a ayudar reclamaron que el circuito, conocido como La Zapatilla, sea vallado para impedir accidentes peores, no sólo en el arroyo sino incluso contra el Hospital de Niños Zona Norte.
Cerca de las 10 del domingo, Antonio Ajubita acababa de recuperar el volante de su auto en el circuito de La Zapatilla, al que había llevado a su nieta para enseñarle a manejar, cuando de pronto escuchó el "chirrido" de unos neumáticos que "superaceleraban" sobre el pavimento.
Estupefacto, vio cómo un Gol gris que estaba "mirando hacia el arroyo (es decir, perpendicular a la pista) aceleraba con todo", los pasaba "casi rozando", perdía "totalmente" el control y terminaba en el agua.
"Y eso que entre el asfalto y el borde del arroyo hay como 30 metros", calculó el hombre, cuyos nietos corrieron a ayudar a la conductora y su acompañante, Carla B., de 32 años, y su pareja Fabricio. En tanto, Ajubita llamó a una ambulancia y a la policía.
También fue testigo del siniestro Eduardo Farri, encargado de mantenimiento de la guardería del club Náutico Malvinas Argentinas. "Corrimos apenas pasó todo, pero los chicos alcanzaron a salir por sus propios medios", contó.
Como la joven sangraba por la nariz y estaba con una crisis de llanto, de inmediato la atendió un médico que pasaba por la zona.
A los pocos minutos llegó una ambulancia del Sistema Integrado de Emergencia Sanitaria (Sies), donde ayer informaron que la joven sólo presentaba "heridas cortantes en la cara y un sangrado leve de nariz", mientras que su novio resultó "ileso".
Cuando la policía arribó al lugar, reportaron desde prensa de Jefatura, ya no quedaban ni rastros del auto, que hasta ayer seguía sumergido en el arroyo. A esa altura, estimó Farri, a unos 3 metros de profundidad.
Por los dichos de la joven, los testigos conjeturaban que el Gol no era de su propiedad, aunque no pudieron precisar de quién era. "Aparentemente alguien se lo había prestado", dijo Ajubita.
Ninguna seguridad. Impactado por lo ocurrido, el hombre fue más allá del hecho puntual. "A pesar de que es un lugar que se usa justamente para aprender a manejar, no tiene un guard-rail ni un alambre perimetral", recordó.
Por eso se preguntó qué podría ocurrir si se produjera un despiste en el sector del circuito que está frente al Hospital de Niños Zona Norte, siempre muy transitado por chicos con sus padres.
"¿No debería haber algún inspector de tránsito?", se preguntó, preocupado por que quedara claro que su crítica no apuntaba a la protagonista del accidente, sino a la "falta de seguridad en el lugar".
Fuente: La Capital